Del primer día a la adolescencia. Damos seguimiento a su crecimiento y desarrollo en cada etapa, con la ventaja de conocer su historia completa.
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Crecer sano no es solo subir de peso y talla. Es alcanzar los logros de cada edad, alimentarse bien, dormir bien y desarrollarse a su propio ritmo. El control de crecimiento y desarrollo integral acompaña a tu hijo desde el nacimiento hasta los 18 años, ajustando lo que revisamos según la etapa en que se encuentre.
La gran ventaja de este seguimiento continuo es la historia. Cuando conozco a tu hijo desde bebé, puedo notar cambios sutiles que en una consulta aislada pasarían desapercibidos: una curva que se aplana, un hito que tarda, un cambio de ánimo en la adolescencia. Ese contexto es lo que convierte una revisión de rutina en verdadera prevención.
Cada visita se adapta a la edad, pero siempre partimos de una base clara de medición y observación. Así sabemos si todo va bien o si conviene apoyar algo a tiempo.
Un cambio brusco en la curva de crecimiento, un hito que no llega o una talla que se queda atrás pueden ser señales tempranas de algo que vale la pena revisar. Cuando llevamos un seguimiento ordenado, estas señales se ven pronto y podemos actuar antes de que se vuelvan un problema mayor.
Este control se complementa con el control del niño sano y con la prevención y detección de enfermedades, donde sumamos tamizajes y chequeos según la edad. Juntos forman una vigilancia completa de la salud de tu hijo, etapa por etapa.
Tener un mismo pediatra durante toda la infancia y la adolescencia le da estructura al cuidado de tu hijo y confianza a tu familia. Tu hijo ve siempre la misma cara, tú tienes a quién preguntar sin empezar de cero cada vez, y yo tengo el panorama completo para tomar mejores decisiones.
Ese acompañamiento continuo es, para mí, la esencia de la pediatría: no atender un momento aislado, sino cuidar un proceso completo de crecimiento con toda la información en mano.
Depende de la edad. En el primer año son varias visitas seguidas, luego se van espaciando, y en niños mayores y adolescentes suele bastar un control al año. En cada cita te digo cuándo agendar la siguiente.
No necesariamente. Un percentil bajo no es malo por sí solo; lo importante es que crezca siguiendo su propia curva de forma constante. Lo preocupante es un cambio brusco de percentil, y eso es justo lo que vigilamos en cada visita.
Son logros esperados según la edad: sonreír, sentarse, caminar, decir sus primeras palabras, socializar. Los revisamos en cada control para detectar a tiempo si algo necesita apoyo, sin comparar de más con otros niños.
Mucho. Conocer la historia completa de tu hijo me permite notar cambios que en una consulta aislada pasarían desapercibidos, y a tu hijo le da confianza ver siempre la misma cara. Ese seguimiento es la mayor ventaja del pediatra de cabecera.